Marcela Martínez desde Mar del Plata; «Volver a Ayacucho significa recrear una y otra vez varios sentimientos.»

En nuestras entrevistas hoy nos toca volver a la ciudad de Mar del Plata para hablar con una Contadora Publica que sigue muy relacionada con Ayacucho por distintas razones. Hace años comparte su vida con otro ex vecino de nuestro medio. Perteneciente a una familia muy querida y con fuertes lazos de amistad y familia, es un gusto en el diario digital www.ayacuchoaldia.com.ar saber de la vida de Marcela Martínez.

A. al D; Hola buen día, gracias por esta charla, y comencemos por recordar cuanto hace que te fuiste de Ayacucho y como se compone tu familia…

Me fui de Ayacucho en el año 1981 cuando terminé el colegio secundario para seguir cursando mis estudios en la universidad. Estoy en pareja con José Lupiano, también ayacuchense, hace ya unos escasos 40 años.Tengo cuatro hermanas y once sobrinos.

A. al D; ¿Querés contarnos quienes son tus padres, para que la gente te relacione?

Mis padres son Benjamín (Tito) Martínez y Marta Iturralde. Mi papá lamentablemente ya no está con nosotros pero mi mamá sigue viviendo en Ayacucho.

A. al D; ¿Dónde vivís y a qué se dedican actualmente?

Vivo en la ciudad de Mar del Plata, y soy contadora pública.

A. al D; ¿Cómo es la realidad hoy en la ciudad dónde están?

En este momento, al igual que en todo el país, la situación aquí es muy difícil. A raíz de la pandemia que estamos atravesando, en Mar del Plata se desarrollan solamente actividades consideradas imprescindibles. Podemos salir de nuestras casas en forma muy limitada, sólo para hacer compras y trámites básicos. Están prohibidas las reuniones sociales, la práctica de la mayoría de los deportes y las salidas recreativas.

A. al D;¿Hay una dieta especial, o cuidados en las comidas?

Tratamos de comer equilibrado, sobre todo porque al estar dentro de casa más tiempo comemos más de lo habitual.

A, al D; ¿Cómo es un día de ustedes hoy? ¿Cómo se entretienen?

Bueno, nos hemos adaptado a vivir puertas adentro, a recuperar el estar en casa. Leemos, miramos series, nos conectamos diariamente con nuestros afectos en forma virtual. A mí particularmente me gusta mucho la cocina así que ha sido una gran compañera en estos días. Se extraña mucho no poder estar contacto con el mar, uno de los privilegios de vivir en esta ciudad. Solía salir a caminar o correr por la costa con frecuencia, pero en estos días no es posible.

A, al D; ¿Qué te parece la forma que se continuó con las clases en las escuelas?

Me parece correcto, dadas las circunstancias.

A. al D; ¿Te hizo ver o te sirvió para tomar las cosas de otra manera este fenómeno? ¿Cómo actúa la gente, pensas que se tiene dimensión de lo que vivimos?

Personalmente creo que esta situación nos ha demostrado nuestra fragilidad como seres humanos. No tenemos todo controlado, somos vulnerables.

El desarrollo tecnológico no ha sido suficiente para resolver este problema, tampoco el dinero, puesto que los países más poderosos se han igualado en el sufrimiento con los más pobres, estamos todos indefensos.

Hemos tenido que encerrarnos y poner a prueba nuestras herramientas personales para poder seguir viviendo de una manera diferente, con menos consumo, con menos distracciones, con más interacción con el que tenemos al lado. Es todo un cambio y un desafío.

A. al D; Hay gente que cree que la cuarentena ya fue suficiente ¿Qué te parece a vos y tu entorno?

Es difícil decir suficiente o no suficiente para nosotros como ciudadanos. Creo que la realidad nos indica que aún estamos atravesando la parte más dura de la pandemia. El aislamiento social y los cuidados son la única herramienta que tenemos hasta que los contagios sean más leves y –  en un escenario un poco más largo – la vacuna nos dé la posibilidad de volver a una cierta normalidad para poder convivir en forma segura con los otros.

La cuestión más compleja aquí es cómo atraviesan esta cuarentena las personas vulnerables, sin trabajo y sin recursos para llevarla de una forma digna. En ese caso comprendo el hartazgo y el rechazo a la cuarentena.

A. al D; ¿Qué se extraña a la distancia, asados, reuniones, comidas, familia? ¿Pueden venir cada tanto o como se relacionan con sus familias?

Solíamos visitar Ayacucho una vez al mes, puesto que allí vive mi mamá y una de mis hermanas. También tengo tías, primas y algunos amigos con los que nos vemos frecuentemente, generalmente con un asadito de por medio. Desde el inicio de la pandemia no hemos podido viajar para allí, la verdad se extraña mucho, especialmente a la familia.

A. al D; ¿Mantenés contacto con tus amigos de siempre, con ayacuchenses?

Con mis amigos más cercanos estoy siempre en contacto, muchos de ellos ya no viven tampoco en Ayacucho. Aquí en Mar del Plata la comunidad de ex residentes de Ayacucho es muy amplia. Con mucha frecuencia, y por los motivos más diversos, suelo estar en contacto con algún coterráneo.

A. al D; ¿Qué significa Ayacucho para vos, que recuerdos o afectos guardas de nuestra ciudad?

Uh, difícil ponerle palabras a algo tan intenso, tan personal…. Ayacucho son mis orígenes, es mi casa, mi infancia, los amigos, esa etapa donde lo aprendés todo por primera vez. Es la suma de todo eso y más.

Por ejemplo, si bien Ayacucho es un lugar donde las distancias son muy cortas, salir a hacer una compra puede demorar una eternidad. En la panadería Meca me recibía con una sonrisa y me interrogaba por media hora acerca de cómo estaba yo y mi familia entera. En la verdulería, mientras Lucía atiende y de pasada me pregunta por mamá, los que esperamos ser atendidos nos vamos poniendo al tanto de los últimos capítulos de nuestras historias familiares.

Allí, en cualquier lugar de Ayacucho, soy la hija de Tito o Marta, la mujer de Pepe, la hermana de Alejandra, Paula, Laura y María Marta. Allí uno se siente singular, haciendo honor a su historia, a su nombre y apellido.

Y por eso, aún cuando muchos de mis afectos hoy solo habitan en los recuerdos, volver a Ayacucho significa recrear una y otra vez estos sentimientos.

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