
𝕆𝔹ℝ𝔸 𝔾𝔸ℕ𝔸𝔻𝕆ℝ𝔸 𝔻𝔼𝕃 𝟙𝟙° ℂ𝕆ℕℂ𝕌ℝ𝕊𝕆 𝕃𝕀𝕋𝔼ℝ𝔸ℝ𝕀𝕆 ❞ℍ𝔸ℝ𝕀́𝔸 ℂ𝕌𝔸𝕃ℚ𝕌𝕀𝔼ℝ ℂ𝕆𝕊𝔸…❞
OBRA: SUEÑO
AUTORA: CRISTINA FASULINO
LOCALIDAD: CABA
Ortega apareció en la casa del médico tal cual lo habían pactado. Con la paciencia de un burócrata y la determinación de un criminal, le informó que el tiempo de saldar su deuda expiraba en seis minutos. El médico admitió no contar con el dinero y antes de que su enemigo sacara el arma, pidió permiso para beber una copa de vino. Ortega dudó, se movió inquieto en su lugar, pero luego aceptó. Seguramente su lado burócrata le exigía cumplir la ejecución a la hora exacta.
Mientras bebía, el médico pensó en aquellas cosas que el juego aún no le había quitado; la prometedora carrera que muchos le auguraban, su novia y el proyecto de familia que compartían. Supo que valía la pena crear una estrategia para cambiar su suerte. Recordó lo poco que sabía de Ortega; hombre maduro, conservador, casado desde hacía quince años con una mujer de su misma edad y -extrañamente- sin hijos. Algo malo ocurría en su salud o en la de ella.
Satisfecho con aquella información, arriesgó una última partida.
-No va a creer lo que soñé ayer…- comenzó diciendo. Como en Las mil y una noches, apeló a la curiosidad de su verdugo-. Una voz desconocida anunció que estará en mis manos la salvación del hijo de mi peor enemigo. En mi condición de cirujano reconozco que no es una idea absurda, pero, como apostador empedernido, mi presente revela que será un hecho imposible.
Ortega lo miró sin disimular su asombro y permaneció en silencio durante el minuto y medio restante para cumplir la ejecución. El médico comprendió que había tocado su punto débil. En los momentos de mayor tensión, su habilidad para plantear jugadas solía agudizarse y eso le generaba mucha adrenalina.
Sin solemnidad ni jactancia, Ortega anunció que le perdonaría la vida. El médico respiró aliviado y orgulloso de su propio talento. Su jugada había sido acertada; sutilmente lo encauzó a ubicarse en el lugar de su principal adversario, lo ilusionó con la futura existencia de un hijo, y el hombre, conmovido, actuó en consecuencia. Con un apretón de manos cerraron un acuerdo entre caballeros.
Sin embargo, el azar también arrojó sus invisibles dados y el desenlace no resultó ser el previsto por el médico; un nuevo relato (sin duda más admirable que el suyo), produjo un giro inesperado a su vida. Ortega anunció que su aterrador sueño lo obligaba a encerrarlo en un calabozo hasta que el mismo se hiciera realidad. Cueste lo que cueste protegería al niño que milagrosamente su mujer concebía en su vientre.
N. de la R; fuente Biblioteca Municipal «Manuel Vilardaga»



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