Rauch – “La Mere Michelle” con impronta de mujer

Tras el fallecimiento de Miguel Pío Uriburu, propietario de la fábrica de alimentos “La Mere Michelle”, su esposa y sus hijos asumieron su conducción. Ana Lacroze, viuda del empresario, cuenta cómo retomaron la labor de esta fábrica simbólica de Rauch.

El 29 de Junio de 2021, víctima de las afecciones provocadas por el virus COVID-19, dejó de existir en un centro de salud de la Ciudad de Buenos Aires el empresario Miguel Pío Uriburu.

Uriburu fue el fundador y conductor de la fábrica de alimentos “La Mere Michelle”, que se convirtió en una gran empresa, con capacidad de exportación. Se transformó en un símbolo de Rauch, gracias a la excelente calidad de sus productos en 48 años de existencia.

Aún con los vaivenes que tuvo el país, “La Mere Michelle” nunca detuvo su crecimiento, lo que conllevaba una importante capacidad de empleo, con más de 60 trabajadores.

A partir de esa trágica pérdida en medio de la pandemia, creció la incertidumbre alrededor del futuro de esa planta. Que se iba a cerrar, que se iba a vender, que iban a despedir al personal… Nada de eso se produjo y hoy “La Mere Michelle” mantiene prácticamente la actividad de sus mejores momentos.

Esto se debió a que tomaron la conducción de la misma su esposa, Ana Lacroze, y sus tres hijos, quienes luego de un tiempo de conocimiento lograron volcar su propio estilo a la planta.

Ana Lacroze es una mujer decidida y de carácter. Si bien Miguel Uriburu tenía un manejo personal de la empresa, nunca le fueron ajenos a su esposa las circunstancias “Para los chicos era algo más nuevo. Cuando él estaba nadie se metía, nadie opinaba, nadie nada. Pero yo estuve 30 años escuchándolo, entonces ahí aprendes mucho y ya sabes quién es quién. La verdad que eso nos allanó el camino”, reconoce en una entrevista que concedió a ABCHOY.

Los primeros momentos, aún iniciando el duelo, fueron inevitablemente complicados. La empresaria los describe “Fue difícil porque había cosas que yo, por ejemplo, hablando con él, ya veía que no iban, que debía cambiar. Pero ya estaba todo como tan enquistado que era muy difícil, salvo que viniera una persona nueva, era la única manera. Fuimos buscándole la vuelta, como todo. Los primeros meses fueron terribles, te diría de… A ver… malos tragos y qué sé yo, y darte cuenta que mucha gente que a él le parecía bárbara no era tan bárbara y bueno es como empezar de cero pero con una cosa ya armada, entonces es muy difícil.”

“Después interiorizamos a los chicos. Lo principal para mí era que a mis hijos les gustara. En ese momento hubiera vendido pero, por ley, no te dejan vender hasta pasados tres años. Y en esos tres años (que todavía no pasaron), ya en el primero me encantó.” confiesa.

Ana admite “Los números dieron bien, por suerte, que era lo que más bien reteníamos. Y vamos amoldándonos. Hoy es muy difícil. Siendo mujer, en Provincia es muy difícil.”

A la hora de describir las situaciones que pasaba, no da muchas vueltas “Ya veía que me miraban con cara de esta boluda. Y yo, cara de boluda puede ser, pero la boluda miraba todo y dije que había que implementar cambios. No soy como Miguel. El por ahí era más permisivo y yo soy hincha pelotas. Es lo que siempre sentimos en la educación de los chicos, para mí las cosas se logran trabajando. No de la nada que viene alguien y te dice tomá. Yo acá lo manejo como si fueran mis hijos, ¿Entendés? Y les digo lo mismo: El que haga las cosas bien durante el año, a fin de año será recompensado; el que ahora se cree vivo y cree que me pasa y que yo no me doy cuenta de nada, va a ver cuánto le sobra a fin de año,”

Ante ese planteo a los empleados, Ana comenta “La respuesta, en general, fue muy buena. Esto es una familia. Hablamos todos. Cualquiera que tiene un problema, sabe que viene y yo estoy con la puerta abierta. Miguel tenía más ocupaciones que yo. Yo la única prioridad que tengo es la fábrica, entonces tengo mucho más tiempo libre que él. Puedo dedicarle más tiempo.”

Una lucha sin cuartel, para cualquier empresario, es la búsqueda de mercados. Ana cuenta “El año pasado no nos pudo ir mejor, pero este año está muy bravo. Hace dos meses que estamos a pérdida. Pero no importa, yo voy a seguir invirtiendo porque creo en el producto, creo en el país, creo en la gente y no los voy a defraudar en ese sentido.

“Está muy jodida la mano con todas las trabas que están poniendo- Y ahora el dólar oficial, no sé adónde se fué. Ya ni miro porque me pone de mal humor. Pero con el oficial no más, tengo de movida un 22% de inflación en la hojalata. Termino vendiendo más caro el envase que lo que va adentro. En este momento estoy sin precio” se queja la empresaria.

Y aclara “No porque no tenga mercadería. Las cámaras están que revientan. No se vende por el precio exorbitante que tiene. Vamos a ser sinceros, se podría vender mucho más barato. Los precios que pone el que vende al público, es terrible lo que recarga, para el trabajo que hace.”

Parte de su prestigio viene por la exportación, pero eso está parado por la burocracia reinante “Estoy hace un año pidiendo una inspección para ser habilitada para EEUU y la Comunidad Europea y todavía se está esperando.”

“Ahora no se puede exportar. Corea es un mercado que tengo abierto, pero hay otros mercados. Me había salido un negocio muy grande a raíz de la guerra de Ucrania.. Al segundo día que empecé, recibí un llamado de la Embajada de Italia para ver si podíamos hacer una tonelada y media de picadillo mensual, por dos años, porque necesitaban para llevar a la guerra. Eso me lo perdí porque no tenía la habilitación. También es una lucha con los expedientes de alimentos para mascotas, para los que estábamos habilitados y no encontramos la última. Estamos hace seis meses dando vuelta a todo eso.” reclama.

Una marca y una planta que es orgullo de este pueblo, que ha sabido crecer y consolidarse para soportar el avance del tiempo, con la impronta ahora de una mujer que supo tomar “el toro por las astas” y demuestra que “Le Mere Michelle”, ya ha dejado de ser pequeña.

N. de la R; Damián Miguel ABC HOY Rauch.

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