Francisco Franco es productor ganadero desde los 17 años. Ahora, después de lo que vivió, duda si podrá seguir. En apenas dos noches, le quitaron la vida a 27 terneros y 2 vacas en los campos que alquila cerca de la ciudad. El daño supera los $30 millones y pone en jaque todo su trabajo.
Lo que encontró no tiene nombre
«Lo que hicieron fue con mucha maldad», relata con la voz quebrada.
Animales degollados, apuñalados y baleados. Terneros de apenas una semana de vida, masacrados sin motivo. Y en uno de los potreros, los responsables dejaron escrito con frialdad una sola palabra: “hambre”.
No fue un robo. No fue un accidente. Fue crueldad pura.
La impotencia que no le cierra los números
No solo perdió el ganado: pierde también la tierra que lo sostiene
Las pérdidas le impiden afrontar los alquileres de las 200 hectáreas que trabajaba
Tendrá que abandonar lo que construyó toda su vida
«No sé si voy a seguir con esto», admite. «No me cierran los números»
Lo que se investiga
Franco señala la inseguridad que golpea la zona como causa del ataque. La Justicia deberá determinar quiénes son los responsables y qué hay detrás de una masacre así.
Cuando el campo sufre así, no pierde solo un productor: pierde toda la comunidad. Quien siembra y cuida no merece que le paguen de esta forma.
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