
La Dirección de Educación, a través de la Biblioteca Pública Municipal y Popular «Manuel Vilardaga y su Asociación Cooperadora, concretaron la presentación de su Libro «El rescate del Mesías» y disertación del escritor Marcelo Birmajer, el pasado viernes 4 de octubre.
MARCELO BIRMAJER: un valioso escritor argentino, un encantador narrador de sus propias historias…
“Si algo necesita nuestro país para exportar y para crecer es conocimiento”.
“Para mí una definición de Dios es saber que la libertad y la vida del otro son sagradas”.
El polifacético autor argentino, Marcelo Birmajer , novelista, escritor de cuentos, periodista cultural, ensayista, escritor de relatos, autor teatral, humorista y guionista, antes de brindar su primera charla en la Biblioteca por la mañana del viernes 5 de octubre, mantuvo una conferencia de prensa con medios locales.
Con la Sala de lectura e investigación de la Biblioteca Pública, Municipal y Popular «Manuel Vilardaga» llena de estudiantes, docentes y público en general, a las 10,30hs aprox. comenzó la Charla. El escritor contó sus experiencias dentro del ámbito literario y su vida como creador de historias, además de repasar brevemente su última producción «El rescate del Mesías».
“Las redes sociales permiten que el escritor y el lector se encuentren de muy distintas maneras, pero sigue siendo prácticamente imposible que un lector se encuentre con los escritores. Por eso el objetivo de estas visitas es tomar contacto con los lectores existentes y tratar de generar nuevos lectores”, comenzó explicando Birmajer.
“Las historias que me contaron y las que invento, cual es la horma de un narrador de historias de alguien que como yo ha pasado toda su vida inventando historias y ofreciéndolas al público desde que tengo 8 años, ese es mi primer módulo de presentación en Ayacucho”, agregó.
“Los libros que he escrito son para chicos que incluyen a adultos y que se leen en distintos colegios públicos, por ejemplo: “Los caballeros de la rama”, “Los hechizos de amor”, “Fábulas salvajes”, entre otros. Lo vital es cómo promover la lectura y el conocimiento que es nuestra principal materia prima.
“En la vida, tenemos dos grandes universos: el científico y el intuitivo. El científico se compone de fórmulas, el intuitivo de aromas. Yo respeto mucho la ciencia, sé que no se llega a la luna con emociones, pero aún así, en el mundo de las ciencias, las cosas fallan, más aún en el de la intuición”. Por eso, dice Birmajer, nadie sabe cuándo va a escribir su gran novela, sólo puede saberlo después de escribirla.
En la primera charla, Birmajer habló sobre literatura, respondió a las preguntas de los entusiasmados jóvenes y tanto en la charla de la mañana, como por la tarde, dejó demostrado claramente, sus notables cualidades como narrador de sus propias historias. Algunos de los cuentos que contó fueron: “El buscador”, “La vuelta”, “El talón de aquiles” entre otros. Un mensaje claro para todos: ”Si algo necesita nuestro país para exportar y para crecer es conocimiento, cultura, lectura”.
Pasadas las 20hs. con un interesante número de espectadores, se llevó a cabo la presentación del libro: “El rescate del Mesías”, de Marcelo Birmajer. El comienzo de la mencionada presentación, estuvo a cargo del Prof. Pablo Zubiaurre. Trata sobre los años 73-76 en nuestro país, es quizás una revisión necesaria, de esta etapa oscura de la historia argentina. Una novela sobre los grupos armados de los años 70, pero contada en tono de comedia, a partir de los ojos de un contador de chistes. Aparecen en la obra, inevitablemente, temas como” la pérdida de la gravedad de la muerte, esa muerte que nos resulta grave, incluso cuando es ineludible, esa muerte que nos asusta, y que por entonces, para muchos, pasó a ser una nimiedad” expresó Birmajer, refiriéndose también a lo difícil de vivir.
Una charla amena, por demás interesante, con palabras y reflexiones valiosas de ser escuchadas por una sociedad pensante. Además de incluir la presentación de su libro, abordó los temas con los que nos encontramos los humanos al entrar en la vida: el tiempo, la soledad, el amor, la injusticia, los miedos, la muere, la vida, las ideas, la voluntad como cualidad indispensable y paradójicamente insuficiente para alcanzar el amor. En definitiva, la extraordinaria variedad y riqueza del mundo, y la búsqueda de señales que nos ayuden a encontrar en él algún lugar.
Y es así, como se va construyendo el territorio de lo imaginario, con la extraña manera, en que de pronto, en medio de la vida cotidiana y sus contundencias, se levantan las ilusiones de un cuento.
Sin dudas, que esas tres palabras con las que Marcelo Birmajer, respondió a la pregunta donde le pedían que definiera su obra, se cumplirán…
-“No me olviden”. “Mucho más que tres palabras”. Gracias Marcelo Birmajer!!!
TRANSCRIBIMOS DOS DE SUS CUENTOS:
Cada uno de estos cuentos narra dos historias: una leyenda griega y un recuerdo.
”El talón de Aquiles” del libro “Mitos y Recuerdos”.
Aquiles fue el más elogiado entre los héroes griegos que pelearon en la guerra de Troya. Era hijo de Tetis y Peleo.
Su padre era un poderoso rey, jefe de grandes ejércitos. Su madre, Tetis, una diosa marina que intercedió ante el principal de los dioses, Zeus, para que le permitiera hacer invulnerable a su hijo.
Aquiles fue alimentado con médula de leones y tigres. A poco de nacer, su madre lo sumergió en la laguna Estigia, cuyas aguas volvían al cuerpo humano invencible.
Pero, tal vez con el excesivo cuidado de las madres, lo sostuvo por un talón mientras lo sumergía; y ese talón quedó seco. Por tanto Aquiles era todo invulnerable salvo el talón de uno de sus dos pies, no sabemos si el izquierdo o el derecho. En el resto del cuerpo, ni las flechas, ni el fuego, ni las piedras, podían ocasionarle el menor daño.
Pero como los dioses participaban de esta guerra jugando con los humanos, cierta vez que Paris —el príncipe troyano que por raptar a la griega Helena originó esta sangrienta guerra— disparó una flecha envenenada contra Aquiles, el dios Apolo dirigió la punta hacia el talón vulnerable de nuestro personaje. Y así murió Aquiles.
Sentado bajo la ventana del aula de mi colegio primario, yo me preguntaba: ¿por qué lo consideraban tan valiente, si era invulnerable?
¿En qué consiste la valentía de una persona que sabe que nada le puede hacer daño? Es sólo una pregunta.
¿Y los que estábamos allí sentados, podíamos llegar a tener algún remoto parecido con Aquiles?
Pues a primera vista no: nuestro cuerpo es totalmente vulnerable. Todo nuestro cuerpo es vulnerable. El fuego nos quema, el frío nos hiela, las flechas nos hieren. Nuestro cuello es tan frágil como nuestro talón.
Sin embargo, uno de los chicos sentados en aquel aula, basante lejos de la ventana, más bien cerca del pizarrón, a la izquierda, me sugirió lo contrario.
Se llamaba Gastón, era muy petiso y algo tímido. El grandote del aula, un repetidor llamado Zurlo, se burlaba de él continuamente. Feas burlas. Y además —esto era lo peor— le pegaba en la cabeza o le tiraba de una manera muy fea de las orejas.
Una mañana, Gastón se le tiró al cuello a Zurlo y comenzó una pelea.
Por supuesto, Zurlo ganó. Le pegó en la cara y en el estómago; y Gastón quedó tirado en el piso, pero sin llorar.
—Si me volvés a tocar —le dijo Gastón a Zurlo desde el piso—. Te voy a volver a pegar.
Zurlo no volvió a tocarlo, ni a burlarse de él.
Viendo al malherido Gastón tendido en el piso, pero con su actitud intacta, lo comparé con Aquiles y pensé: «Los seres humanos somos al revés que Aquiles: todo nuestro cuerpo es vulnerable salvo un talón invencible. Ese talón es nuestra voluntad».
“La vuelta” del libro:”Mitos y recuerdos”.
La Odisea es el relato de cómo Ulises regresó de Troya a su patria, Ítaca.
Se vio forzado a engañar a un cíclope gigante, a huir de una terrible y semidivina mujer que devoró a varios de sus marinos, a desoír el canto dulce y mortal de las sirenas, a esquivar a los monstruos de la tierra y a las furias del mar. Y ni siquiera en Ítaca estuvo, al llegar, tranquilo: varios hombres deseaban a su esposa, la fiel Penélope, y sus riquezas.
Pero la aventura de su retorno es una de las más grandes jamás contadas. Dice el gran poeta griego Kavafis: cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca, ruega que el camino sea largo.
Porque sólo cuando el camino es largo y arduo, la aventura es memorable.
La Odisea es un relato larguísimo, en cantidad y en aventuras.
Pero mis recuerdos son breves y variados.
En mi familia siempre se hablaba de cierta vez que me perdí en la playa juntando vasitos.
Caminé sin mirar a los costados, y en cuanto alcé los ojos estaba en un sitio que no conocía.
Las sombrillas eran de otro color, había canchas de tenis junto al mar y las personas hablaban en otro idima. No sabía en qué playa estaba, ni cómo se llamaba aquella en la que me aguardaban mis padres. Estaba perdido.
Finalmente, por una serie de casualidades milagrosas, una hésped del hotel donde nos alojábamos me reconoció y me llevó de regreso con mis padres; desesperados, ya habían dado aviso a la policía.
Esa noche me enteré de dos cosas: había caminado una buena cantidad de kilómetros y me habían llegado a buscar en helicóptero.
Cuando se narraba el incidente, y mis hermanos se burlaban de mí, yo me defendía:
—Bueno, después de todo —decía—, hablaban otro idioma y había canchas de tenis: no me perdí, descubrí otro continente.
—No descubriste nada —decía mi abuelo—. Te perdiste.
—¿Y cuál es la diferencia entre encontrar un lugar nuevo y perderse? —le pregunté desafiante.
—Saber cómo volver —dijo con tristeza mi abuelo.


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