Luciano Larocca, su infancia en Ayacucho y un presente con La Bomba de Tiempo

El tercero de 4 hijos del queridísimo y recordado “Tito” Larocca y Alejandra Rossi. Tuvo si infancia en nuestra ciudad y parte de su adolescencia con idas y vueltas tras haberse mudado a La Plata. Ahora, como padre de familia y como notable músico, integrante de La Bomba de Tiempo, recibe a Ayacuchoaldia.com.ar en la continuidad de reportajes.

Gracias por aceptar esta propuesta para Ayacuchoaldia.com.ar. Contanos de vos Luciano, de tu presente, dónde estás viviendo y a qué te dedicás en la actualidad.

En principio, quiero contarles que me da mucha alegría poder tender este pequeño puente con ustedes y con los que están del otro lado. Pienso en toda la gente tan diversa que puede leer estas líneas en Aya y me da por lo menos intriga, mucha alegría y satisfacción.

Escribo desde mi casa en Banfield mientras el resto de la tripulación duerme. Acá es un día de frío (Sábado 8 de Agosto) y lluvia pero claro que nunca ese frío que recuerdo de las mañanas de invierno cuando atravesaba el pueblo para tomar clases de inglés a las 8 am en la escuela de Música. Aquella escuela junto con la primaria y la escuela de Educación Estética, y por supuesto aquél entorno de pueblo moldearon lo que yo llamo la «libertad inicial» de mi infancia.

Como músico, profesión de la que vivo desde la mitad de mis casi 42 años, esa libertad es mi talismán, mi lugar de luz al que recurro para enfrentar los desafíos y las limitaciones de la «vida adulta» de cada día. Esa inspiración por supuesto no es literal, lejos estoy de poder dejar la bicicleta apoyada en la puerta de casa toda la noche, como a veces me la olvidaba en el banco de plaza que teníamos en el edificio de la esquina de Sarmiento y 25 de Mayo. Si supieran los porteños y todos mis amigos que hice con los años en La Plata o acá por el barrio que «el pibe de pueblo» en realidad vivía en un departamento de los 2 únicos edificios que había. A mí me fascinaba, aunque no tanto a Doña Clementina que vivía abajo y ya estaba abandonada en la pelea por callar a «los nenes de arriba». Tiempo después entendí que tal vez el caos que producíamos con mi hermano Ale, con pelotas de basquet y saltos nocturnos, era quizás una pequeña victoria luego de haber pasado por el tamiz de la numerosa familia del Dr Cantarini que supo habitar el mismo espacio unos años antes (del tordo y los whiskys y tangos alrededor del piano con mi viejo podré hablar en otro momento). Decía que me fascinaba porque desde la ventana veíamos todo, la Iglesia, los árboles, la entrada de la biblioteca, lo de mi amigo Jujo que vivía enfrente y la sirena de los bomberos. Cada vez que sonaba se metía en la casa deteniendo toda la vida, haciendo que desde cada punto de la casa y del pueblo, que era como el patio de ese departamento, todos quedáramos petrificados, como en pausa. De pronto pasaba un bombero corriendo, de civil; héroes anónimos que eran los únicos que corrían a través de ese bosque de gente quieta. Yo los miraba llegar por la ventana, como venían desde todos lados, en auto, en moto, corriendo, a contramano.

Como para que la gente te ubique, contanos de tu vínculo con Ayacucho, ciudad en la que naciste y creciste.

Ayacucho es el lugar donde nací. «Aya» en quechua significa alma y «cucha» quedó para el perro pero en realidad forma un hermoso «El lugar donde habitan las almas». Eso me lo enteré investigando el origen peruano de la Ayahuasca que antiguos chamanes usaron y traducen como «Medicina del alma». Creo que la interpretación de lo que uno es, de dónde uno viene, es una interpretación que también representa una elección entre un montón de significados, entre un montón de información que uno va juntando. Yo siempre elegí guardar cerca mío lo que me estimula, lo que me hace bien y de esa manera uno aprende a sobrellevar las cosas acompañado de ese calor. Por ejemplo uno de los días más tristes fue cuando nos fuimos de Ayacucho a vivir a La Plata en el 91. Y de ese día recuerdo algo hermoso, que mi amigo Esteban Maresca, probablemente obligado por sus padres, me fue a despedir a las 6 de la mañana. O que unos días antes me pasó a buscar por casa y me llevó a lo de Mili García donde habían armado una fiesta sorpresa de despedida. Salir de un pueblo con 11 años, ir a una ciudad y no saber ni siquiera como se para un micro y encima en La Plata que a todo le dicen de otra manera, el colectivo es micro, la canopla es portaútil y el sintex, cinta scotch. Todo fue tan distinto que recuerdo que mi primer día de clases conocí a uno de mis grandes amigos de hoy que se llama…Mili. Le dije -tengo una amiga en Ayacucho que se llama Mili-, bueno andá y decile que ahora conoces un Mili varón.

Así es todo el tiempo, vas reformulando tu historia con cada experiencia y siempre tratando no perder esa flexibilidad que da andar por la vida como un aprendiz. Yo en Ayacucho tuve todo, los amigos de la cuadra como el Seba Guazzelli con quien “dominábamos” de punta a punta la vereda de Sarmiento al 800; los primos, los abuelos, a mi amado viejo, tíos, mis padrinos – el loco Russo, que me regaló unas medias de Boca que me llegaban casi hasta la cintura y que fue lo más cercano que tuve el fútbol en mi vida; y la Gallega, otra loca hermosa que siempre rompió todo estereotipo. A muchos de ellos el tiempo me los fue quitando o alejando pero siempre he tratado de reconstruirlo como esos castillitos de arena que armábamos en la playa y que una y otra vez eran devorados por las olas.

He aprendido a tener ese «rinconcito de almas» en mi casa donde fotos y objetos me traen ese calor al presente. Nada se pierde, todo se transforma, como dice la canción.

Hace mucho que no venís a la ciudad?

Hace bastante que no voy para Aya, los últimos dos o tres años estuve viajando muchísimo por mi trabajo y la llegada de mi hijo León hizo que cada hora en casa sea muy valiosa. Espero poder ir pronto a darle un abrazo a mi enorme tía Graciela y al tío Jorge Lozcalzo. Con él compartimos un poco de música la última vez que fui con mi banda gracias al esfuerzo y dedicación de Isaías y Mati Algañaraz.

Mis recuerdos en Ayacucho tienen tres etapas, la primera, la infancia donde teníamos un grupo de amigos increíble con Diego López el colorado más velóz de la escuela, él tenía una manera de abordar las esquinas con su bicicleta que era única y me pasó el truco que todavía uso. Si vos venís rápido, llegando a la esquina, para escuchar si viene algún auto, ponés la cabeza de costado y el viento te da de frente al oído entonces no te zumba y te permite escuchar hasta la velocidad del que viene o el silencio y de esa manera pasar como un rayo a la próxima cuadra. Otro era Juan Iturrioz, el más baquiano del grupo y seguramente el más fuerte, lo recuerdo como un tipo tan cariñoso y aunque un poco calentón, siempre buscaba que estemos juntos. Una vez estábamos dando vueltas por ahí y me di un golpazo en la frente, un charco de sangre. Ahí estaba el Juani llevándome en la parte de atrás de la bici con una vincha improvisada, hasta casa a despertar de la siesta a mi viejo para que me metiera esta vez unos puntos, otra vez un yeso y así. Juani también estuvo al lado del flaco D`Bajeneta sosteniéndole el brazo cuando rodó como 10 metros en la cava que está por el Tiro y tuvo una fractura expuesta. Esteban Maresca mi amigo por el cuál tomé la comunión (voy a ver si encuentro la foto) que tenía una familia hermosa. Me acuerdo que una vez fuimos a la casa a comer un asado y ellos rezaban antes de comer, era muy lindo ese momento porque te alineaba, cada uno venía a su velocidad, y esto era como parar la pelota. La cosa es que terminamos el rezo y empezamos a comer en silencio y nos empezamos a mirar entre todos como diciendo -che esta carne está rara – pero sin entender qué tenía. Resulta que la hermana más chica, la bella Magdalena, había cambiado el contenido del salero de Don Maresca por azúcar (entre risas). En esa casa también vimos todos los partidos del mundial 86 y después salíamos a festejar por la esquina de Gulliver y la vuelta del perro, eso ocho que armabas pasando por El buen gusto y hasta la plaza San martín y de ahí a la izquierda (vuelta corta) o el ocho yendo hasta la Iglesia y vuelta al centro.

Con ese grupo y algunos más empezamos a jugar al Rugby en el CeCu, no teníamos ni idea del deporte pero nos divertíamos muchísimo viajando a Olavarría, Azul donde había equipos muy armados y superiores. Imagínense que yo, siempre flacucho, estaba en la segunda línea, detrás de Juancito y Santiago López, dos toros furiosos a la hora del Scrown. Dieguito en la punta de la línea picaba como los dioses y Luquitas Cordero, medio scrown y líder nato del equipo. Las cosas que uno hace para estar cerca de los amigos.

Yo nunca fui bueno para los deportes así que iba rebotando de un lado al otro, hicimos fútbol en el CEF con Curucho Cángaro como DT una maravilla de tipo, centrado, didáctico y paciente. El único trofeo que tuve en mi vida me lo dio él, era por participar en el campeonato, nomás; pero yo lo tenía ahí en una repicita. Después me pasé a Atlético porque mis amigos estaban ahí y «El gallo» dirígía el equipo, un tipo muy gracioso, un fenómeno. Si estabas entrenando nunca le preguntes al Gallo qué hora es. Porque la respuesta era siempre la misma, se miraba el reloj y te decía «No sé, se me paró entre las dos».

En otro momento pegué un estirón y me anotaron en básquet en Estrada. También pasé por el Tenis, el Karate al que me prohibieron ir cuando practiqué un muy poco certero golpe sobre la espalda de mi hermana Nati.

Otra etapa de Ayacucho fue ya en la adolescencia yendo a visitar a mi viejo, la música, los boliches «Mix» en ese momento, el heavy metal que traía Cachito Egea, la banda de amigos con Janel y Diego, Mati Algañaraz, Marianito Celada un temido karateca, Rodo, Cono, Martín Bustos, un melómano increíble, Carlitos y Leo. Y un montonazo de historias y amores como Laurita Garnica, una diosa de la cuadra con la que nos juntabamos en la casa a ver los dibujitos Ren & Stimpi y escuchábamos recitales por la radio.

En esa adolescencia desenfrenada y furiosa decidí ser músico dedicarme a esto y no puedo creer que todavía la vida se mantenga en ese rumbo. A veces los adolescentes son tildados de egoístas, delirantes, reventados y cuántas cosas más, pero una adolescencia bien llevada, encaminada por los padres a través del diálogo y la empatía puede ser el caldo de cultivo para un adulto comprometido con sus deseos. Mi viejo en ese sentido siempre me escuchó, me aconsejó y me dejó hablar sin juzgar. Un padre maravilloso, él quería que yo fuera piloto de avión, que me dejara de joder con la musiquita. Y la medicina, bueno vos fijate. Me llevó al hospital siempre. Me acuerdo que una vez fuimos los cuatro hermanos, cofia, barbijo, guantes y todo el equipo médico, a ver un parto natural. No me olvido más. La cantidad de ambulancias con decenas de heridos que llegaban de la 29, con esa recta fatal que pasa por Udaquiola. Parte de nuestra vida era en ese hospital, pasar algunas navidades, hacer los deberes, comer esa compota de manzana y el pollo al horno que nos compartía papá. En la puerta del hospital, ahí donde vas a los consultorios, por ahí pasé a despedirme de mi viejo después de una fiesta del ternero, ya grandecito, con mis amigos platenses. En el umbral de esa puerta, con el guardapolvo abierto, en medio de decenas de pacientes, ahí le di el último abrazo.

Un gran suspiro y sigo entre lágrimas, acá cayó León recién despierto, lo abrazo y vuelvo de todo eso. Llego hasta esta tercera etapa, el presente. Acomodando todo eso que soy, ahora ya como padre, con una familia y una profesión que amo y a la que dedico absolutamente todo con la pasión que mis dos viejos le pusieron a su profesión. Mi mamá como bióloga, investigadora, terrible docente y madre luchadora; y mi viejo un tipo único, con un corazón que todavía me late cerca.

¿Pudiste seguir vinculado con otros ayacuchenses?

Actualmente estamos en contacto con Mati Algañaraz haciendo una música para su próximo disco. La pandemia le puso una pausa pero espero que se retome después de que pase todo esto. En las redes tengo algunos amigotes con los que cruzamos algunas fotos, recuerdos y no mucho más. Es increíble como esas relaciones quedan en pausa pero se activan inmediatamente que uno se ve como si todos esos años al medio se desintegraran.

Contanos con detalle sobre tu vida laboral, como músico, que te ha permitido viajar y recorrer distintos puntos del planeta haciendo música.

La Bomba de Tiempo es un grupo que ya lleva casi 15 años y es un proyecto muy sólido con el cual hemos recorrido 4 continentes y cientos de ciudades de Argentina y al mundo. Hemos tocado para muchísimas personas con un promedio de 70 a 90 shows por año que sumado a las horas de ensayos, viajes y grabaciones hace que prácticamente 4 de esos quince años los hayamos pasado juntos las 24 horas. No es sólo un grupo de percusión, es una plataforma a partir de la cual desarrollamos infinidad de proyectos de formación de gente, obras de teatro para niños, workshops y charlas empresariales, además de los dvd, discos, giras y los cientos de artistas con quienes hemos compartido escenarios, grandes maestros que son un verdadero regalo de la vida.

En paralelo también pude armar un proyecto personal de canciones, un trabajo artesanal y que crece al ritmo de lo que puedo ir volcando como artista, y por supuesto me ha dado grandes alegrías como formar una banda de músicos y amigos increíbles, grabar 2 discos y compartir con músicos como Jorge Drexler, Fito Páez o Jaime Ross.

Me imagino que volver a Ayacucho, por su actividad, no debe estar en los planes; pero hay chances de que junto a tu agrupación te puedas presentar en nuestra ciudad?

Cada tanto recibo un llamado de alguien de Ayacucho que se le ocurre la idea de poder llevar alguno de mis proyectos allá pero siempre queda trunco. En un momento tuve la necesidad de ir por una cuestión de cerrar un ciclo interno y fue hermoso poder ver ahí una cantidad de gente que estimo mucho y compartir mí música con ellos, fue algo muy sanador. Por mi parte esa deuda está saldada así que está todo fértil de aquí en adelante para poder hacer cosas pero tengo un límite, y es hacer algo que el pueblo necesite, sentir que el esfuerzo es útil para el que nos recibe. Eso requiere un poco de dedicación extra y tal vez en algún momento pueda darse.

8 Comments

  1. Muy linda nota. Hermosa persona Luciano cariñoso vago y dulce como siempre. Muy lindos recuerdos de toda la flia Larocca Rossi un beso enorme.

  2. Emotiva nota !!! Cuántos hermosos recuerdos de su Ayacucho natal…
    Felicitaciones al entrevistado y al entrevistador !!!
    Es una caricia al alma leer esta historia tan bien narrada !!!

  3. Hermosa historia… De las mejores redactadas en cada detalle se nota lo que provoca haber nacido y vivido en Ayacucho. Con los años y estando afuera se valora cada día más.

  4. Sos increible primo querido!!!! Me llevaste a todas y cada una de tus vivencias !!!! Te Quiero mucho y orgullosa de la persona increible q sos!!!!!

  5. Que linda nota! Me transporto en el tiempo!
    Felicidades por todos tus logros!!
    Con cariño, Mili!!

  6. No tengo el gusto de conocerte, pero si a tu Papá porque Tito fué/es mi padrino, cada vez que hiba a Ayacucho era cita obligada pasar a visitarlo. Te felicito por la nota, las palabras para tu Papá y tu Mamá y por tu música, la cual escucho por internet. Abrazo grande Luciano.

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