Lic. en Psicología Agustina Vivalda sobre las motos y un análisis para comprender este presente que atormenta a la comunidad

Las motos, los ruidos, acelerar hasta el corte molestando al otro, qué gracia tiene, por qué y cientos de preguntas y respuestas vamos trazando para intentar comprender y luego explicar (nos) qué pasa por la mente de una persona que en un pueblo como el nuestro, donde todos nos conocemos, decide en manada salir a girar sin pocos motivos, perturbando una paz colectiva.

Desde Ayacuchoaldia.com.ar dialogamos con la Lic. en Psicología, Agustina Vivalda, quien posee en nuestra ciudad su consultorio, un espacio para escuchar y comprender, tratando de llegar a un entendimiento sobre la realidad que nos arrincona. Al respecto la profesional señala que “Respondiendo a la pregunta sobre un análisis psicológico de la juventud y post juventud que anda en motos haciendo sin importar lo que generan, qué pasa por su mente, que buscan, por qué no hay temor a perder un vehículo si es retenido, cambios generacionales, modas…., es imposible analizar a un sujeto desprovisto de su discurso. Porque cada síntoma responde a uno; y ese discurso siempre es un efecto y una respuesta netamente particular” empieza diciendo.

“Pero sí se puede pensar el ruido y la falta de interés en la pérdida del capital privado, desde un contexto social que está armado entre todos como un síntoma que responde a un modo de funcionamiento, que ya es general, más siendo que el de las motos no es el único ruido fuera de lo normativo que se escucha en la ciudad, y que busca el impacto invadiendo la elección o el campo perceptivo del otro; el volumen de la música en ciertos espacios céntricos también queda sin el resguardo de la legalidad” sostiene.

Agustina se explaya sobre el panorama solicitado y añade “Dentro del marco de una sociedad donde la trama social tiende solo al desarrollo de lo compartido y de lo estatal, dónde cuesta desarrollar lo privado que muchas veces queda sin valor, sin posibilidades, el derecho a lo privado queda de alguna manera avasallado, quedando ese discurso transversal a lo social, con síntomas sociales que responden a ello”.

“De hecho y hablando de otro tipo de ruidos que le hacen a uno ruido como para detener la atención, hace poco cerró una de las únicas librerías ubicada frente a una escuela. Esto también habla. Habla de lo comprometido que se encuentra hoy en día todo lo referente a la educación del contenido” explica con claridad y con un ejemplo a la vista de todos.

“Siendo que lo estatal, lo institucional, lo mancomunado, necesitan si o si de un sujeto que le de soporte a esa legalidad y a esas reglas que están para resguardar y garantizar los derechos, deberes, garantías y obligaciones de todos. Ese soporte, esa legalidad, de la cual muchas veces se reniega, pero de la cual todos en algún momento necesitamos, y que es a su vez lo que garantiza que la sociedad no se convierta en una selva, no es sin el desarrollo y el respeto por la educación y por lo privado. Equilibrio que se construye con los contenidos que aprendemos a diario: en la familia, en la escuela, en la dignidad y responsabilidad que genera el esfuerzo, el trabajo y el salario bien remunerado, entre otros. Implica un aprendizaje cívico, ético y moral que nos enseñe de efectos, de resguardo y de cuidado” amplía.

“Desde esta perspectiva, el ruido puede ser síntoma de una sociedad que dejó de priorizar a la educación y al contenido privilegiando la fragilidad de la imagen, que dejó de enseñar educación cívica como una materia de vital importancia en sus escuelas renunciando a su cultura para darle más valor a la imagen de tener un Iphone; que dejó de enseñar la constitución nacional que nos dotaba de esa coherencia y conciencia social necesaria y del equilibrio y relaciones casuales preexistente entre nuestros derechos, deberes y garantías; que daban lugar al entendimiento de los valores que favorecen ese entramado social y cultural necesarios en donde se entiende la importancia del desarrollo, del esfuerzo y del trabajo, de la responsabilidad, la honestidad, de la constancia, del acento puesto en la manera en que se adquiere lo que tenemos, y de los efectos nocivos de quebrar o corromper esas nociones que conforman el contrato social del que habla Rousseau, implícito en todas las sociedades, que resguarda y da continuidad a nuestros espacios individuales y comunes, a nuestras reglas e instituciones”.

Agustina prosigue con su análisis y remarca que “La constitución de la legalidad es ante todo y responde a la constitución subjetiva, que es psíquica, que es aprendida, que es instituida, que requiere de ejemplo y de coherencia, de valor. Si no se respeta al sujeto, sino se le proporciona un ambiente propicio para resguardar esa misma legalidad que después se exige, en donde crecer y desarrollarse, es imposible pretender el respeto del sujeto por lo institucional y lo normativo y por ende la construcción de cualquier legalidad social, cultural e institucional”.

“Creo que el ruido que se padece es ante todo la denuncia de un quiebre moral, de una sociedad que renunció a la educación de los valores culturales que hacen posible y favorecen su buen desarrollo y funcionamiento” afirma.

“Educación que se hace más necesaria todavía en épocas en la que la tecnología y los contenidos ilimitados, confunden aún más la brecha entre lo que es privado de lo que es público, entre límites, restando muchas veces el valor o la importancia que se le da al esfuerzo, a la preparación, al contenido y a lo que es correcto”.

Por último, la Lic. en Psicología expresa que “Si como adultos no aprendemos a auto limitarnos poniendo el valor que corresponde en donde corresponde y haciendo lo correcto, aunque podamos no hacerlo, qué sentido tiene para un joven hacer un esfuerzo que avizora sin futuro de antemano?”

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