Arranca el ciclo de cine árabe

Este Jueves 14 comienza un nuevo Ciclo de Cine en la Casa de la Cultura, con la selección de películas a cargo de un especialista como lo es Darío de Dios. Se trata del ciclo “Mundo Árabe”, el cual nuclea cuatro filmes originarios de medio oriente. La primera proyección será hoy a partir de las 20 horas con el film palestino “Cuando los chanchos vuelen”. El ciclo está compuesto de las siguientes cintas: “La Novia Siria” (Siria); “La Bicicleta Verde” (Arabia Saudita); y “Taxi Teherán” (Irán). Las entradas a cada función son libres y gratuitas.

El objetivo particular de este ciclo recae en facilitar un acercamiento cultural a través del cine, compartir un buen momento que incluirá un agasajo gastronómico de bienvenida, y también salir del cine comercial del cual tenemos mayor facilidad de acceso.

El cine en el mundo árabe viene demostrando desde hace años una gran capacidad para reflejar la realidad compleja de sus sociedades. El trabajo de los realizadores, muchos de ellos documentalistas de excepción, ha constituido un testimonio privilegiado en estos años de importantes transformaciones sociales y políticas. Sin embargo, también las cinematografías árabes siguen generado producciones de ficción, con elevadas dosis de creatividad y sofisticación.

“Cuando los chanchos vuelen” es una producción de Francia, Bélgica y Alemania del 2011 apta para todo público. Resulta que La Franja de Gaza no parece el territorio más apropiado para hacer humor. Sin embargo, la absurda historia del cerdo que cae en la red de un infortunado pescador y le trastorna la vida de las maneras más inesperadas se atreve a utilizarlo y convertirlo en su arma más valiosa para proponer -en clave de fábula, claro- un mensaje pacifista. Obviamente un ejemplar de esa especie no es el huésped más bienvenido en ninguno de los dos lados de la conflictiva frontera, de modo que el insólito regalo con que el azar parece haber creído premiar al desdichado que casi todos los días apenas consigue un puñado de escuálidas sardinitas para sobrevivir resulta pura complicación. ¿Quién puede querer comprar un chancho? Ni pensar en el delegado de las Naciones Unidas, quizás el único que no es musulmán ni judío, pero estuvo al borde del ataque de nervios cuando se lo insinuaron. Quizá los rusos de una colonia vecina, pero ¿cómo llegar hasta ellos con una bestia de 50 kilos y atravesando una región en la que todos la consideran un animal impuro?

A falta de otro comprador, ¿qué queda? ¿Eliminarlo? ¿Esconderlo? Imposible. La solución, por lo menos temporal, será mucho más disparatada y estrafalaria aunque durante algún tiempo. Pero con ella también vendrán la multiplicación de los trastornos para Jafaar (sólo la fábula puede salvarlo) y la comprobación de que no son tan pocos los parecidos entre israelíes y palestinos.

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