
Desde el PJ local enviaron a nuestra redacción el documento que dieron lectura en la marcha Federal Universitaria este martes por la tarde. Aquí lo compartimos:
Hoy estamos en la calle para defender una de las conquistas más grandes de nuestro pueblo: la educación pública, gratuita, inclusiva y de calidad.
La universidad pública argentina no es un privilegio, no es un gasto y no es un beneficio para unos pocos. La universidad pública es un derecho. Es una herramienta de igualdad, de justicia social y de soberanía. Es la posibilidad concreta de que los hijos y las hijas de trabajadores puedan estudiar, recibirse, investigar, enseñar y volver a sus comunidades con más herramientas para transformarlas.
Desde el Partido Justicialista de Ayacucho venimos a decir con claridad que defender la universidad pública es defender el futuro de la Argentina, pero también es defender el futuro de nuestro pueblo. Porque para una comunidad del interior como la nuestra, el acceso a la educación superior nunca fue algo sencillo ni automático. Muchas familias ayacuchenses saben lo que significa hacer un esfuerzo enorme para que un hijo o una hija pueda estudiar: pagar alquiler, transporte, apuntes, comida, servicios, viajes y sostener una trayectoria lejos de casa.
Por eso, cuando hablamos de educación pública, hablamos también de nuestra historia local. Hablamos de cada estudiante de Ayacucho que tuvo que viajar, mudarse o reorganizar su vida familiar para poder estudiar. Hablamos de las familias que acompañaron con sacrificio. Hablamos de quienes fueron primera generación de estudiantes universitarios. Hablamos de los pibes y pibas que soñaron con una carrera y necesitaron un Estado presente para que ese sueño no quedara reservado solo para quienes podían pagarlo.
En Ayacucho, el peronismo no habla de educación desde la teoría ni desde la comodidad de una consigna. El peronismo local ha construido políticas concretas para que estudiar sea posible. La creación y el sostenimiento de las Casas de Estudiantes en las ciudades universitarias fue una decisión política profundamente peronista: acompañar a nuestros jóvenes allí donde van a formarse, cuidar sus trayectorias, aliviar a las familias y garantizar que el lugar de nacimiento no sea una condena ni un límite.
Las Casas de Estudiantes son una política pública creada por el peronismo y sostenida en el tiempo porque demostró su valor. Gracias a esa decisión, muchas personas de nuestra comunidad pudieron estudiar, avanzar en sus carreras y recibirse. Cada estudiante que pasó por una Casa de Estudiantes, cada familia que pudo sostener una trayectoria educativa, cada profesional que hoy vuelve o aporta desde su formación, confirma que cuando el Estado acompaña, los derechos se vuelven realidad.
Cada Casa de Estudiantes representa mucho más que un techo. Representa comunidad, arraigo, igualdad de oportunidades y presencia del Estado municipal acompañando a quienes se animan a proyectar un futuro. Representa una política pública concreta para que los y las jóvenes de Ayacucho puedan estudiar sin quedar solos frente a las dificultades económicas y sociales que implica irse de su ciudad.
También reivindicamos las becas estudiantiles, tanto para quienes estudian en nuestro pueblo como para quienes deben hacerlo en otras ciudades. Porque sabemos que una beca no es una ayuda menor: muchas veces es la diferencia entre seguir estudiando o abandonar. Es el pasaje, el apunte, el alquiler, la comida, la posibilidad de rendir un final, de sostener una cursada, de no soltar un proyecto de vida.
Las becas son una herramienta concreta de justicia social. Son una forma de decirle a cada estudiante que no está solo, que su esfuerzo importa y que la comunidad tiene la responsabilidad de acompañar. Allí donde hay una beca, hay un Estado que reconoce que la igualdad no se declama: se construye con decisiones, con presupuesto y con políticas públicas.
Reivindicamos el programa Puentes, que acercó la universidad al interior de la provincia de Buenos Aires y permitió que muchos distritos pudieran pensar la educación superior como una posibilidad concreta en sus propias comunidades. Para pueblos como el nuestro, Puentes significó una respuesta a una desigualdad histórica: la distancia con los grandes centros urbanos y universitarios. Porque federalizar la educación no es solo decir que la universidad es para todos; es generar las condiciones para que efectivamente llegue a todos los territorios.
Reivindicamos también Patios Abiertos, porque la educación pública no se reduce al aula. Patios Abiertos construye comunidad, participación, inclusión y pertenencia. Es una política que reconoce que nuestros pibes y pibas necesitan espacios de encuentro, de cuidado, de juego, de cultura, de deporte y de construcción colectiva. Donde una escuela abre sus puertas, también se abre una oportunidad.
Valoramos, además, las políticas destinadas a jóvenes y adultos que permiten retomar estudios, finalizar trayectorias y recuperar derechos postergados. Porque cada persona que vuelve a estudiar confirma que la educación pública transforma vidas y fortalece a toda la comunidad.
Por eso hoy estamos acá. Porque cuando se desfinancia la universidad pública, cuando se atacan las becas, cuando se paralizan programas educativos, cuando se debilitan las políticas de acompañamiento, el ajuste no cae sobre números: cae sobre estudiantes concretos, sobre familias concretas, sobre pueblos concretos.
El ajuste se siente en el estudiante que no sabe si va a poder seguir pagando un alquiler. Se siente en la familia que hace cuentas para sostener a su hijo o hija en otra ciudad. Se siente en quien necesita una beca para continuar. Se siente en los docentes y no docentes que sostienen las instituciones. Se siente en las universidades, en los institutos, en las escuelas y en cada comunidad del interior que depende de políticas públicas para achicar desigualdades.
Cuando se desfinancia la universidad, se ataca la posibilidad de construir un país con ciencia, con tecnología, con producción, con pensamiento crítico y con soberanía. Cuando se recorta la educación, se recorta el futuro. Y cuando se abandona a los estudiantes, se abandona también el proyecto de una Argentina más justa.
No estamos defendiendo solamente edificios, aulas o presupuestos. Estamos defendiendo un modelo de país. Un país donde estudiar no sea un privilegio. Un país donde nacer en el interior no signifique tener menos oportunidades. Un país donde el conocimiento esté al servicio del pueblo y no subordinado a los intereses del mercado.
Desde Ayacucho, desde nuestra identidad peronista, afirmamos que la educación pública se defiende con memoria, con organización y con presencia en la calle. Se defiende recordando que cada derecho conquistado fue fruto de la lucha colectiva. Se defiende reconociendo que las oportunidades no aparecen solas: se construyen desde la comunidad organizada y desde una decisión política clara de poner al pueblo primero.
Porque donde hay una necesidad, hay un derecho.
Y donde hay un derecho amenazado, el pueblo organizado tiene que estar de pie.

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