
Desde 2005 la Organización Mundial de la Salud reconoce al Chagas como una de las principales enfermedades tropicales desatendidas. Estimaciones basadas en estudios de seroprevalencia y registros de mortalidad indicaron que, en 2023, había 10,5 millones de personas con esta patología a nivel mundial. La transmisión de madre a hijo ha adquirido un papel central en la ocurrencia de nuevas infecciones.
El Chagas es una problemática sociosanitaria compleja, que excede su dimensión biológica. Su comprensión y abordaje requieren considerar las múltiples dimensiones que la atraviesan, entre ellas las desigualdades sociales, las condiciones de vida, las barreras de acceso al sistema de salud, los procesos de estigmatización y la necesidad de respuestas centradas en las personas afectadas. Continúa siendo una de las enfermedades parasitarias más importantes de América Latina, donde es endémica en 21 países y genera una elevada carga de enfermedad.
Estimaciones basadas en estudios de seroprevalencia y registros de mortalidad indicaron que, en 2023, había 10,5 millones de personas con Chagas a nivel mundial, una cifra cercana a 3 millones más que la estimada en estudios basados en la vigilancia epidemiológica. En este marco, la FAC (Federación Argentina de Cardiología) y la SADI (Sociedad Argentina de Infectología) desarrollan una campaña de prevención e información a la población.
La infección causada por el Trypanosoma cruzi puede transmitirse por vía vectorial, a través de triatominos (“vinchucas”) infectados en zonas donde el vector está presente; por vía vertical durante la gestación, actualmente es considerada la principal vía de transmisión en casos nuevos; así como mediante transfusiones de hemoderivados, trasplante de órganos, accidentes de laboratorio y la ingestión de alimentos o bebidas contaminados. Esta última vía de transmisión no ha sido reportada hasta el momento en Argentina.
A partir de la década del 70, la implementación de estrategias de prevención y control integrado del vector permitió reducir la infestación domiciliaria y peridomiciliaria, así como la incidencia de la transmisión vectorial en Argentina. Estas estrategias incluyeron mejoras en las condiciones estructurales de las viviendas, el uso de insecticidas y el desarrollo de abordajes interculturales con participación comunitaria. En Argentina, 19 provincias conforman el área endémica histórica asociada a la presencia del vector. De ellas, 10 han sido certificadas como libres de transmisión vectorial —Jujuy, Neuquén, Río Negro, La Pampa, Entre Ríos, Santa Fe, Misiones, San Luis, Tucumán y Corrientes—, mientras que, en Formosa, Santiago del Estero, Chaco, Mendoza, San Juan, Salta, Catamarca, La Rioja y Córdoba aún persiste el riesgo de transmisión vectorial.
En este escenario, y ante la persistencia de vías no vectoriales de transmisión en todo el territorio nacional, la transmisión vertical ha adquirido un papel central en la ocurrencia de nuevas infecciones. Por ello, las intervenciones más relevantes para el control de esta parasitosis en el continente americano incluyen, además del sostenimiento del control vectorial, el tamizaje sistemático de donantes de sangre y órganos para trasplante y, en especial, el diagnóstico y tratamiento oportunos en todas las edades, con foco en personas con capacidad de gestar, gestantes y neonatos, así como acciones de comunicación y educación participativas a nivel comunitario. En Argentina, estas acciones encuentran respaldo en la Ley Nacional 26.281, que protege a las personas con Chagas frente a la estigmatización y discriminación, se garantiza el acceso gratuito al diagnóstico y al tratamiento en los servicios de salud públicos y privados, siendo obligatorio tamizaje y la notificación en personas embarazadas, recién nacidos y en niños y adolescentes hasta los 19 años hijos de madres con diagnóstico de Chagas.
No obstante, la vigilancia de la infección vertical continúa mostrando deficiencias relevantes. La evidencia disponible señala limitaciones en el seguimiento de hijos de madres infectadas y en la calidad del registro, lo que restringe la posibilidad de contar con información epidemiológica confiable y obstaculiza el acceso temprano al tratamiento.
Frente a ello, y en consonancia con la meta de la OPS de eliminar el Chagas como problema de salud pública para 2030, en Argentina resulta imprescindible fortalecer la detección temprana, consolidar las estrategias preventivas y sostener un abordaje integral de la transmisión vertical de Chagas. En este sentido, el lema “Las mujeres en el centro de la atención: protegiendo a la próxima generación de la enfermedad de Chagas” expresa con claridad una prioridad sanitaria: situar en el centro del cuidado a quienes, a través del acceso oportuno al diagnóstico, al seguimiento y al tratamiento, resultan fundamentales para interrumpir la transmisión vertical.
Tratamiento
La evolución clínica es variable, y una proporción importante de las personas infectadas permanecen sin manifestaciones clínicas. Mientras que estudios de la década de 1980 describieron un predominio de la forma sin patología demostrada, también denominada indeterminada (60-70%), y una frecuencia de compromiso cardíaco (30%), con menor proporción de formas digestivas y mixtas, un metanálisis reciente estimó proporciones prácticamente equivalentes de formas indeterminadas y cardíacas (42,6% y 42,7%, respectivamente), además de una frecuencia no despreciable de formas digestivas (17,7%) y mixtas (10,2%).
El tratamiento específico del Chagas ha mostrado eficacia en escenarios clínicos definidos. El benznidazol y el nifurtimox son altamente eficaces en la fase aguda, en las reactivaciones en personas inmunocomprometidas y en las infecciones crónicas tempranas en niños y adolescentes. En adultos con infección crónica sin daño orgánico demostrado, la normativa vigente recomienda su uso en menores de 55 años, con evidencia de beneficio sobre la progresión de la forma cardiaca de la enfermedad y la mortalidad. Asimismo, el tratamiento tripanocida en personas con capacidad de gestar adquiere especial relevancia por su elevada eficacia en la reducción de la transmisión vertical, lo que lo posiciona como una estrategia de alto impacto sanitario. Por el contrario, en pacientes con daño orgánico avanzado, la evidencia disponible no ha demostrado de manera concluyente un beneficio clínico del tratamiento antiparasitario, por lo que su indicación no se recomienda de forma rutinaria en este escenario.
El reconocimiento de las organizaciones de personas afectadas, junto con el apoyo institucional sostenido y la articulación entre los distintos actores, resulta clave para mejorar el diagnóstico oportuno, el acceso al tratamiento, el seguimiento adecuado y el cuidado integral, y dejar de sostener al Chagas como una enfermedad desatendida.
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N. de la R; fuente 


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