
Cuando Juana Rosa Fajre compró la esquina de 7 y 49 tuvo un deseo que se cumple hasta el día de hoy: que en este punto funcione “La París” con una tradición que enorgullece: sus medialunas.
La historia de París data de la década del ‘20 y no estaba en la famosa esquina, sino en 7 entre 54 y 55. Don Víctor Alonso era el propietario del Café París. A él lo sucedieron sus hijos, Víctor y Eduardo, que hacia 1923 compraron el local lindero donde hoy funciona la tradicional farmacia Zorich.
El 9 de octubre de 1941 la confitería se mudó a la esquina de 7 y 49, donde se construyó un subsuelo que alberga los hornos a leña que cocinaría, años después, las clásicas medialunas y a la que la sucesión de Víctor Alonso llamó “Confitería París”.
En 1954 Juana entra a esta historia con su deseo. Adquirió la propiedad y, frente al escribano, la escritura dejaba algo en claro: “La finca dada en alquiler se destinará única y exclusivamente para la instalación y funcionamiento del negocio Confitería París”.
Seis años después la confitería tenía nuevo dueño: José Santamaría, más conocido como el Gallego. En paralelo, sobre calle 49, un grupo de socios entre los que estaba el panadero Roberto Pérez, abrieron el Bar Capri.
Hacia finales de los ‘60, el “Gallego Santamaría” no pudo afrontar los gastos y la París volvió a resurgir.
Roberto Pérez y Alberto Pérez de Vargas se hicieron cargo y para 1969 los hornos de la París arrancaron una producción diaria intensa que abastecía a la confitería y panadería y que vio nacer un ícono: las medialunas.
Esta sociedad se terminó hacia finales de 1982 y fue cuando Roberto Pérez volvió a alquilar la propiedad en solitario y bajo una nueva sociedad: Gran Confitería París SRL.
Sin embargo, la París mantuvo el nombre de Juana y funcionó hasta 2020.
Hoy el sueño de Juana Fajre vuelve a encenderse, y es que este viernes 5 de enero la París reabrió una vez más sus puertas en la tradicional esquina de 7 y 49.

N. de la R; fuente 0221 la Plata.


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