
Otra jornada verdaderamente insoportable de ruidos de motos se vivió este domingo y donde gran parte de la comunidad de Ayacucho ya está más que harta de que lleguen las horas de la noche y las contraexplosiones no se detengan. Claramente no alcanza con dos controles vehiculares más allá de la enorme puesta de voluntad que ponen los trabajadores del área de Tránsito Municipal. Son ellos los que están más expuestos, que reciben insultos, arriesgan su cuerpo a diario, pero quizás no sea por allí donde arriben las soluciones.
El temor, cada vez más creciente, es lo que se percibe en la opinión pública sobre acciones más drásticas que tarde o temprano podrían llegar a concretarse. Hoy son temas de charla en reuniones familiares, de amigos, de café y que se trasladan al teclado; pero llegará el momento donde el hartazgo sea tal que algún vecino lo lleve a la práctica y allí será tarde para lamentos, de uno y de otro lado.
Foto de archivo

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