
La serie “El Eternauta” es todo un éxito y ya no solo se presenta en nuestro país sino llego a los Estados Unidos, como símbolo de alcance mundial. Basada en el cómic de Héctor Germán Oesterheld, se presenta como un producto de ciencia ficción pero que contiene y dice mucho más que una simple nevada mortal o bichos grandes que intentan invadir.
Basados en algunos artículos periodísticos, análisis históricos y literarios, desde Ayacuchoaldia.com.ar te ofrecemos un material para poder comprender mejor esta enorme serie que tiene al fabuloso Ricardo Darin como protagonista.
Quien fuera también protagonista de Argentina 1985, menciona que se trató de «un proyecto enorme y muy complejo, es una versión aggiornada que pretende tener un alcance más allá de las fronteras de nuestro país. Está basada en el cómic real, pero hay una nueva versión y estamos todos muy entusiasmados y movilizados», confirmó en una entrevista con CNN Radio.
Héctor Germán Oesterheld escribió el guion y Francisco Solano López los dibujos. El Eternauta fue una historieta por entregas, clásica y original, que extrapolaba mitos y miedos planetarios e interplanetarios –la Guerra Fría, la invasión extraterrestre: el cine de ciencia ficción clase B norteamericano– a Buenos Aires.
Sesenta años después, El Eternauta rompe todos los récords y aumenta su carga simbólica; está, en más de un sentido, vivo; aunque Oesterheld esté desaparecido desde 1977, cuando él y gran parte de su familia fueron desaparecidos por la última Dictadura Militar en Argentina.
Además de escritor y guionista, Oesterheld fue militante de Montoneros. Desapareció en La Plata el 27 de abril de 1977, cuando fue secuestrado por un grupo de tareas militar, y habría sido fusilado en Mercedes en 1978, aunque su cuerpo nunca apareció.
Buenos Aires y los alienígenas
El Eternauta comienza con un juego metaficcional. Un guionista, alter ego de Oesterheld, ve corporizarse a un viajero en el tiempo: El Eternauta, Juan Salvo, quien le cuenta una historia apocalíptica de la que fue/es protagonista y que ocurrió/va a ocurrir en una Buenos Aires devastada por alienígenas.
El relato de Salvo empieza con él, su esposa, su hija y un grupo de amigos viendo caer, desde un chalet de Vicente López, una nevada letal que ha matado a gran parte de la población.
En el primer tramo de esta tira, de la que Oesterheld tenía una idea general pero que iba definiendo en cada entrega, los personajes intentan sobrevivir a lo que parece una catástrofe natural. Son náufragos rodeados de muerte. Luego, entenderán que se trata de una invasión extraterrestre.
Buenos Aires, donde se sucederán batallas épicas en lugares reconocibles, como la cancha de River, no es una mera locación caprichosa. El espíritu de época, la idiosincrasia popular y algunos datos de la realidad nacional impregnan cada cuadro (en algunas paredes hay pintadas llamando a votar a Arturo Frondizi, que se convertiría en presidente en 1958, con el peronismo proscripto).
Por fuera del entretenimiento, El Eternauta ha ido convirtiéndose –con sus cruces entre realidad y ficción– en ícono de todo tipo de resistencia anticolonizadora. Para Héctor Germán Oesterheld, el héroe grupal era el único posible. El primer Eternauta transmite una filosofía humanística que no condesciende al maniqueísmo ni la redención. También deja traslucir cierta inclinación del autor hacia el desarrollismo frondicista; no es casual que Juan Salvo sea un pequeño industrial.
Las interpretaciones ulteriores –culturales, sociológicas, psicológicas, políticas– siguen y seguirán multiplicándose. Pero la versión de los ’50 no parece traccionada por una intención pedagógica, sino por la imaginación ilimitada, la sólida formación cultural y la pasión científica de Oesterheld, que era geólogo.
En 1969, año de la llegada del hombre a la luna, Oesterheld comenzó a publicar en la revista Gente una reversión de El Eternauta, con dibujos de Alberto Breccia, artista genial; más críptico, menos realista que Solano López. Apareció en la edición del 29 de mayo, día en que estalló el Cordobazo, alzamiento popular contra la dictadura de Juan Carlos Onganía, un año antes de la irrupción pública de Montoneros con el secuestro y asesinato de Aramburu.
Oesterheld, que iba a sumarse a Montoneros en el área prensa, decía sentirse más “evolucionado”, “aclarado”, respecto del que había sido en los ‘50. Sus cuatro hijas también elegirían el camino militante.
El cambio ideológico de Oesterheld se reflejó en aquel Eternauta de los ‘60, que bajaba línea antisistema y antimperialista. Los invadidos eran latinoamericanos que enfrentaban a potencias extranjeras vinculadas con invasores extraterrestres. La nevada mortífera era consecuencia de un sistema opresivo y de la ceguera de los sectores medios, a los que Oesterheld y sus personajes de la primera versión de El Eternauta pertenecían.
Con el argumento de que sus lectores no eran los adecuados para los sofisticados dibujos de Breccia, Gente le puso fin abrupto a la tira.
En su libro Oesterheld. Rey de Reyes, Judith Gociol y Diego Rosemberg trazan un paralelismo entre HGO y Rodolfo Walsh, otro autor que, como José Hernández y Oesterheld, creó desde los márgenes.
“Operación Masacre –el libro con el que Walsh se adelantó al nuevo periodismo que creció en los Estados Unidos en los 60– es una reconstrucción novelada del fusilamiento a militantes peronistas por la dictadura de Aramburu. Fue publicado el mismo año en que apareció El Eternauta y, tal como analizó Pablo Alabarces, ambas obras se sumergen en la violencia y en el espacio de la ciudad a través de los hombres comunes, cuyo heroísmo surge cuando la tragedia irrumpe en lo cotidiano”, escriben.
Y agregan: “En 1957, el guionista adelantó el terror que se impuso como realidad en 1976 y Walsh escribió Operación Masacre como ejercicio de futuras masacres. Los dos partieron del antiperonismo y de una mirada humanista para adentrarse en una progresiva radicalización política, que incluyó la justificación de la lucha armada como método y la necesidad no sólo de narrar sino de pasar a la acción. Montoneros, ambos fueron desaparecidos en 1977”.
Desde mediados de esa década, ya convertido en cuadro militante, Oesterheld preparó la segunda parte de El Eternauta. Empezó a publicarla en la revista Skorpio en diciembre de 1976, en plena represión salvaje. Los dibujos eran otra vez de Solano López. Oesterheld escribía desde la clandestinidad, hasta que fue secuestrado y otros guionistas debieron tomar la posta.
Superando barreras
Más allá de la carga ideológica y de los tiempos violentos, la saga superaba cualquier barrera. Un ejemplo: muchos años después, en 2002, una sobreviviente de la ESMA contó que, en pleno cautiverio, Alfredo Astiz le quitó la capucha, le mostró un ejemplar de El Eternauta y le dijo: “Este es el mejor escritor argentino”.
“Mi nombre es Elsa Sánchez de Oesterheld y soy la mujer de Héctor Germán Oesterheld, famoso en el mundo por haber escrito la historieta El Eternauta. En la época trágica de este país desaparecieron a mis cuatro hijas, mi marido, mis dos yernos, otro yerno que no conocí, y dos nietitos que estaban en la panza. Diez personas desaparecidas en mi familia. Pero prefiero recordar los años en los que fui feliz”. La presentación de la viuda en HGO en Los Oesterheld, extraordinario libro de Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami, da una dimensión de la tragedia.
Ya en democracia, El Eternauta fue considerada una obra profética (los grandes artistas suelen ver el presente antes que adivinar el futuro, lo que es más meritorio) y su valoración artística y simbólica no paró de crecer.
En el siglo XXI, “el navegante del porvenir” está en las calles, en remeras, en tatuajes, en paredes, en estatuas, en placas recordatorias, en estaciones de subte, en actos políticos (el Nestornauta fue creado poco antes de la muerte de Néstor Kirchner); y también en discos, en obras de teatro, en documentales, en ensayos, exposiciones, tazas, homenajes e imitaciones.
El 4 de septiembre es el Día de la Historieta Argentina. La fecha conmemora la aparición, en 1957, de la revista Hora Cero Semanal, con la primera entrega de El Eternauta, de Héctor Germán Oesterheld (HGO) y Francisco Solano López.
Fuentes: Clarin, Página 12, CNN.




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