
Como pueblo chico que somos, cada pérdida duele y mucho. Y más cuando se trata de una persona de corta edad como lo fue el fallecimiento de esta queridísima piba Anita Almada, que con solo 29 años nos abandonó dejando una herida realmente grande.
Hace un par de años, era entrevistada por revista La Mirada y hoy, con su ausencia que conmociona a toda la comunidad, queremos recordar aquel testimonio, muy valedero por cierto, que marcaba una huella por la cual debemos transitar, una guía que para su corto paso, tiene una importancia aún más significativa.
Una historia de vida contada en primera persona
Reconoce que tiene dos fechas de cumpleaños porque la vida le dio una segunda oportunidad. Si bien tiene solo imágenes de aquellos lejanos tiempos en donde con apenas 3 años afrontó valientemente el padecer Síndrome Urémico Hemolítico y estar conectada a una máquina de dializar durante más de un año, su historia es digna de conocer.
Sus palabras son de esperanza absoluta, esa misma esperanza y fe que tuvieron sus padres para pelearla en todo momento, y sin bajar los brazos, llegar al ansiado trasplante. Hoy, con 27 años, convertida en todo una mujer plena, que ama su profesión de docente, Anita recibe a Revista La Mirada.
Contanos de tu historia…
El 2 de abril del año 1997 recibí un trasplante de riñón. Como nombré en un video que publiqué en Facebook, a partir de ese día mi vida como la de mi familia cambió por completo. Yo tenía 3 años y estaba internada esperando un trasplante porque me había agarrado el famoso virus del SUH o conocido como Síndrome Urémico Hemolítico que afecta a la sangre, los vasos y los riñones, provocando insuficiencia renal a los niños entre los 6 meses y 5 años.
Y los avances científicos no eran tales como ahora, no?
Tal cual. En ese momento no se conocía mucho del tema. Me llevaban a Diálisis mis papás Gustavo Almada y Silvina Jaime. Era a través de un suero que intercambiaba la sangre de los riñones que no funcionaban. Yo estaba conectada 4 veces al día.
¿Qué te acordás o qué imagen tenés?
Por mi parte no tengo muchos recuerdos pero mis padres, por lo que me han contado, ellos que vivieron la historia, lo que me dicen con mis abuelos y mis tíos, pero no mucho más de eso.
¿Qué sabés de esos momentos donde te diagnosticaron la enfermedad?
Yo tuve una fuerte neumonía donde fui derivada pero no mejoraba y la situación comenzaba a complicarse. El Síndrome Urémico Hemolítico había dañado mis riñones provocando insuficiencia renal. Los pronósticos no eran buenos. Mis dos riñones dejaron de funcionar. Estuve 45 días sin orinar.
¿Supiste de quién era el donante?
El nombre no se podía saber pero sí supimos que era un donante cadavérico, que sufrió un accidente. En ese momento la familia fue muy empática que decidió donar los órganos de su hijo y por alguna razón, el destino quiso que yo llevara dentro mío un pedacito de él.
Y cómo fue el enterarte que en ese momento se hizo una campaña en toda la ciudad, se hizo un raid por el sur y que tu caso tomó estado público a nivel nacional?
Sí, en ese momento no se conocía mucho y Ayacucho se movilizó muchísimo, una ciudad realmente solidaria. En ese momento estaba Héctor Martínez con los Cicloturistas, una gran persona, que junto a su equipo, realizaron un raid en bicicleta desde Ayacucho hasta Bariloche, llevando el nombre de Ana Paula por todos lados y haciendo evidente mi caso, todo en la búsqueda de recursos para solventar el tratamiento.
Se hizo campaña en radios y en los medios locales también…
Sí, hicieron de todo y acompañaron a muchísimo a mi familia para ver cómo evolucionaba todos los días.
¿Por qué ahora, a los 27 años, decidís contar tu historia en primera persona?
Creo que siempre lo hicieron antes mis papás. Yo siempre tuve la idea de contarlo desde otra perspectiva diferente y hacer ver que en ese momento, una nena de 3 años estaba viviendo una vida totalmente diferente a la que le corresponde.
¿Te quedaron secuelas?
Desde los 3 años que recibí un trasplante y ya llevo 24 años de haber recibido el riñón, que probablemente eran 10 años pero yo vengo rompiendo los récords. Lleva mucho cuidado, medicación, controles, que al principio son muy intensos pero con el paso del tiempo son más flexibles.
¿Hubo mucha dificultad para conseguir un donante teniendo en cuenta que tu riñón era de un niño?
Sí, porque yo tenía 3 años y el riñón que me trasplantaron era enorme para mi cuerpo. Le dijeron en ese momento a mis papás que el riñón que me colocaban posiblemente no durara más de 10 años pero…acá estoy.
¿Cómo fueron esos 10 años donde los médicos te decían que sería el tiempo máximo que respondería, viviste con miedo?
No, porque uno va transitando la vida de manera normal. El miedo siempre está de que puede fallar pero si uno hace los cuidados como te indican y tomás la medicación, es probable que dure más tiempo.
¿A quién o a qué te aferraste en todo este tiempo?
A mi familia, siempre, que me acompañan en todo, a mi papá, mi mamá, mi hermana, que están siempre; y también a mis abuelos y mis tíos.
Un mensaje, seguro esperanzador… y más sobre la donación de órganos…
Siempre digo que donar órganos es donar vida. Sé que es una frase muy usada pero no por eso no deja de ser cierta. Te da esperanza de vida. Sé que es muy doloroso para el entorno de la persona que fallece, tener que tras de eso, permitir que te quiten órganos, pero …salvás vidas; donde a pesar de todo el dolor, sabés que una parte de tu ser querido ayudará a otros. Y para los trasplantados o quienes están en lista de espera, que nunca se deben bajar los brazos.
Anita el pasado 2 de Abril cumplió 24 años y el 7 de Noviembre festejará de nuevo porque cumplirá 28 años. La vida le dio otra oportunidad, oportunidad que también llega de gestos solidarios y empatía absoluta como la tuvo la familia del donante. Y es allí donde esta joven de nuestra ciudad quiere hacer hincapié a la hora de aceptar dialogar con nuestro medio para que la sociedad tome conciencia de lo que significa ser donantes de órganos.
Un video que moviliza
Anita eligió las redes sociales, muy propio de una joven de esta época, para contar brevemente su historia y generar esa toma de conciencia. Allí cuenta que era “Una nena que estaba por comenzar el jardín, internada, al borde la muerte y esperando un trasplante. Mi habitación con juguetes y muñecas, que tanto me gustaban, pasó a ser una habitación del hospital, conectada a una máquina”.
“Un día a la madrugada sonó el teléfono, el llamado que habíamos anhelado durante mucho tiempo. A partir de ese día, mi vida cambió. El donante había fallecido en un accidente y mientras esa familia elaboraba un duelo, decidieron donar los órganos de su hijo, y que gracias a esa valentía, yo podría seguir viviendo”.
“Me preguntaba por qué me había pasado a mí, lo que me generaba incertidumbre, que me daba vergüenza mostrar la panza y las cicatrices. Pero con el tiempo lo superé. Hoy puedo decir que son la persona más feliz y agradecida, con una familia que nunca bajó los brazos” contó además de agradecer también por el apoyo a sus amigas a lo largo de la vida como al trabajo “que amo y disfruto que es ser seño”.
Ese fue el testimonio de vida, que seguramente contagió a muchos a sumarse como donantes. Fue su gran aporte en tan corto paso por esta vida.



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